¿Está preparado tu corazón?

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Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. Salmo 51:10

Mañana seguramente harás una cena especial para recordar un día especial. En Navidad, hacemos grandes cenas. Banquetes suculentos alrededor de una mesa sin mancha, limpia, organizada y decorada para estar a la altura de la celebración más importante del año. El nacimiento del Señor Jesucristo, nuestro Salvador.

Colocamos la mesa de manera singular, un centro de flores, velas adornando la mesa. Colocamos las servilletas con unos pliegues diferentes, nuestra mejor vajilla, todo está listo.

Pero ¿te has olvidado de algo? ¿Dónde se sienta el lugar del Señor en nuestra mesa? Con el trajín de los preparativos olvidamos que preside la mesa el Señor Jesucristo vestido de Gloria y Majestad.

Preparar el ambiente y la cena de la noche del 24 está muy bien, pero ante todo debemos recordar que el Señor está presente en esta cena tan especial, precisamente porque Él es el protagonista. ¿Cuál es nuestro comportamiento? ¿Le dejamos el mejor sitio? La mesa está lista, pero ¿nuestro corazón también está preparado y limpio? De nada sirve lo exterior adornado con un corazón de pecado. ¡Oh cuán grande es nuestro Dios que envió a Su Hijo Unigénito al mundo para salvar nuestra alma de la esclavitud!

El Señor Jesús es el centro de la Navidad, démosle el lugar que le corresponde al ¡HIJO DEL REY!